25 Febrero 2007

Curso de Cosmología en Cosmocaixa – Día II

categorizado en Astronomí­a, Ciencia, Fí­sica, Historia |

La segunda charla corrió a cargo de Javier Ordóñez Rodríguez, del Departamento de Lógica y Filosofía de la Ciencia de la Universidad Autónoma de Madrid. Se nota que quien ha preparado el curso ha escogido los ponentes con mimo, porque este hombre hablaba también muy bien. Quedamos faltos de algún chascariillo en medio para aligerar el tema, pero bueno.

Nos habló de la historia de la cosmología, de la historia occidental por lo menos, porque en el turno de preguntas salió el tema de los chinos y los aztecas y respondió bien, pero no es su campo (lo dijo él). Separó la historia planetaria de la estelar y tiró millas.
Empezó por las concepciones helénicas y muy especialmente la ptolemáica. Que por cierto no era griego, sabemos muy poco de él, pero “si vivió en alejandría durante el imperio romano era egipcio o romano, pero sólo por escribir en griego no se es”, dijo.

Luego habló de los cometas en el medievo y llegó a Copérnico. Con Copérnico tengo otro “por cierto”, y es que curiosamente no publicó ningún otro libro, y el que publicó, fue en su lecho de muerte. Eso explica en parte porque no fue la iglesia a por él. La otra parte se explica porque era un libro muy sesudo y nadie lo entendió en realidad. Y los que lo entendieron no se lo creyeron, “Eh, muy bien Copérnico, tío, te puedo llamar ‘Cop’? El libro tuyo está muy bien muy bonito y eso, pero… qué es eso de que la tierra se mueve? Los cálculos y eso te saldrán todo lo que tu quieras Cop, pero yo no veo moverse nada“. Y así. También nos contó otra anécdota y es que en la época no se movía un pelo sin un informe de astrología de por medio (pues como ahora pero con medioambiente), y resulta que nuestro emperador era muy aficionado y se hizo con un libro de Copérnico. Y como era muy duro para él sus cortesanos le hacían resúmenes porque quería estar al día, fíjate. De hecho mandó traer otro ejemplar para su hijo Felipe, a pesar de la herejía. Por eso ahora hay dos copias de un libro tan raro y precioso en Madrid, chúpate esa.
Algo parecido pasó con Galileo. El ponente comentó que lo raro no era que la gente no le creyese, lo raro era que hubiera gente que sí. Hoy en día nadie puede decir que algo es así porque lo ve él y nadie más que él, y te lo tienes que creer y punto. La verdad es que las revoluciones nunca fueron fáciles.

Luego se puso a correr por Kepler y otros hasta Hubble.

La charla un poco densa pero siempre es agradable escuchar a la gente que habla bien.

Esta entrada ha sido escrita el Domingo, 25 Febrero 2007 a las 20:33 y está categorizada bajo Astronomí­a, Ciencia, Fí­sica, Historia. Puedes seguir los comentarios de esta entrada a través de RSS 2.0 feed. También puedes dejar un comentario, o un trackback desde tu propio site.

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