28 Febrero 2007

Curso de Cosmología en Cosmocaixa – Día III

categorizado en Astronomí­a, Ciencia, Fí­sica |

Esta charla ha sido sin duda mucho más sesuda que las anteriores. Hubo varios momentos donde me perdí, pero trataré de hacer un resumen de lo que oímos, y luego dos conclusiones que saqué en claro.

El ponente fue Eduard Salvador Solé, del DEpartamento de Astronomía y Metereología de La Universidad de Barcelona.

Primero se puso a hablar de Copérnico y Newton, pero con razón, porque las bases del modelo cosmológico que hoy se trabaja nacen en conceptos muy antiguos. De hecho, un asunto que sacó a colación interesante fue que ya desde los griegos se arrastra una cocepción del universo infinito en el tiempo y en el espacio. A pesar de que los griegos conocían un objeto finito pero ilimitado: la esfera, pero no lo aplicaron a su cosmología. Hasta Copérnico y Newton (e incluso Einstein) consideraban el tiempo como algo infinito, porque si se lo encierra en un círculo aparecen graves problemas de causalidad. El hecho de que el tiempo tenga un inicio es algo rompedor desde luego; algo que Einstein rebatió al primero que lo propuso, un tal Alexander Friedman (uno de los pocos que entedió en su momento la teoría de la relatividad general de Einstein, por cierto).

Luego entró de llenó en como Gamow y sus colaboradores estudiando la física de partículas llegaron a predecir la radiación de fondo, cómo se encontró por casualidad, y cómo se lanzó el satélite COBE para medirla con precisión. De modo que ahora tenemos bastantes evidencias físicas de “la teoría”, que nos llevan a medir las constantes cosmológicas del universo incluso desde varias ramas distintas de la ciencia.

El ponente nos contó un poco más en detalle el estudio de las anisotropías en la radiación de fondo. En concreto, es interesante ver cómo primero el COBE y después el WMAP midieron la radiación. En ella quitaron el dipolo, que es el efecto sobre la medición de la tierra moviéndose a través del espacio, pero no en su rotación y traslación, sino más general como puntito en una galaxia que se mueve en un cúmulo de galaxias en el supercúmulo de Virgo (la leche). Y quitaron también el quadripolo que ahora mismo no me acuerdo que es, y ahí aparece el mapa ese ovalado que ha salido en algunos sitios como la luz del universo primigenio. Se ha estudiado a fondo sus propiedades y por eso sabemos que hay un 73% de energía oscura, 23% de materia oscura y sólo 4% de átomos conocidos. Es como estar en una habitación a oscuras y medirla (con precisión!) por el eco que hacen nuestros pasos, pero qué hay en ella no lo sabemos.

Las conclusiones a las que he llegado después de esta charla son dos:

- primero: el vulgo ya no puede participar en las teorías cosmológicas. Actualmente la teoría del universo inflacionario tiene evidencias físicas que la sustentan, y estamos razonablemente seguros de manejar un modelo cosmológico válido, pero en el camino hemos perdido la claridad que otras explicaciones tenían en el pasado. Es decir, si dos griegos discutían entre sí si la Tierra era plana o redonda podían hacer el experimento de medir la sombra de dos palos a la vez -suficientemente alejados-, y por trigonometría sacar la curvatura. Y lo hicieron. Y eso es muy fácil de explicar y de entender. Ahora por contra, creo que la física de partículas en los primeros milisegundos del universo es un lío de cojones.

- segundo: Edwin Hubble se parece un montón a Robert de Niro.

Esta entrada ha sido escrita el Miércoles, 28 Febrero 2007 a las 23:26 y está categorizada bajo Astronomí­a, Ciencia, Fí­sica. Puedes seguir los comentarios de esta entrada a través de RSS 2.0 feed. También puedes dejar un comentario, o un trackback desde tu propio site.

Hay actualmente 2 comentarios de “Curso de Cosmología en Cosmocaixa – Día III”

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  1. 1 On Marzo 1st, 2007, Vailima ha dicho:

    Agudísima tu última consideración. El lunar es clavao.

  2. 2 On Marzo 7th, 2007, El blog de Barduino » Curso de Cosmología en Cosmocaixa – Día IV ha dicho:

    […] En el turno de preguntas yo comenté que hace poco en ese mismo museo se nos habló del proyecto ALMA, de cómo se centraría -dentro de sus muchos proyectos- en la formación de sistemas planetarios, y que en este mismo curso se nos narró cómo se lanzó el satélite COBE para hacer una medición muy concreta, esperando casi con ansia los resultados. Pregunté en fin, cuál era la próxima “gran cosa” desde el punto de vista observacional. Y sorprendentemente no la hay. Está claro que la tecnología marca hitos, y el proyecto ALMA lo será, pero también el telescopio espacial Webb , el “sustituto” del Hubble, que ella promocionó un poquito porque era el proyecto en el que trabajaba. Pero el caso es que no se lo jugaba a una sola carta. Por cierto, este telescopio no va a ser como el Hubble “de andar por casa”, ya que se situará en una órbita de 1,5 millones de kilómetros de la Tierra. Hala. […]

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