BloodBowl: primer contacto
Ya que Javi no se decide a contarnos cómo le fue su última participación en un torneo de BloodBowl, pues os cuento yo mi primer contacto con tan noble juego en casa de éste.
Si no sabéis lo que es (como me pasaba a mi hasta hace poco) aquí el enlace de la wikipedia.
Pues fue un día frío y nublado de las últimas navidades. La hora un poco a traición, pues era después de comer, con la digestión a pleno rendimiento. El caso es que me encontré con un público claramente hostil y un campo en condiciones óptimas para la práctica del deporte más salvaje que han conocidos las razas míticas.
Tras una rápida explicación de las reglas colocamos a los jugadores en el campo. Mi equipo estaba compuesto por orcos aguerridos, babosos, sucios y con muy malas pulgas. De echo, tenía cuatro enormes con pinta de repartir trozos de pan con la mano abierta. ¿Y qué me encuentro frente a este peligroso equipo? Un equipo de dulces monjas muy lindas todas ellas… Todo pintaba a escabechina.
Tras la patada inicial de pelota la reciben las alegres monjas. A partir de ahí no se muy bien qué pasó, el caso que una pequeña quisquilla que no había manera de verla porque se movía más rápido que una liebre apareció en mi línea de campo. Resumiendo, punto para las monjas.
Esta humillación no podía quedar sin respuesta. Así pues, realicé una formación de clara intención… digamos… camorrista. Al fin y al cabo, tenía un equipo de orcos con muy malas pulgas y ganas de gresca.
En fin, a modo de resumen puedo decir que recibí lo que es conocido como SOBERANA PALIZA, y no por que me ganará de muchos puntos (creo que perdí 3-1) sino porque apalearon a mis pobres orcos que no habían hecho nada malo. Tres resultaron maltrechos y uno malherido. Incluso, en un lance del encuentro, una aparente pacífica monja empujo a uno de mis enormes orcos fuera del campo estampándose con el público a los cuales no les sentó muy bien, de tal forma que le metieron una zurra de cuidado, devolviéndole al pobre hecho un despojo de nuevo al campo.
Moraleja: No es el orco tan fiero como lo pintan ni las monjas tan pacíficas como creía.