Aníbal, el gran estratega de Cartago II - Inicios
Los primeros años de la vida de Aníbal transcurren con la vergüenza de la derrota de Cartago en la “Primera Guerra Púnica”. La ciudad de Roma había dejado de ser un pequeño poder local para extenderse por toda la Península Itálica. Irremediablemente Roma y Cartago tenían que chocar por la supremacía del Mediterráneo. La cosa terminó con el control de Roma sobre las islas de Sicilia, Córcega y Cerdeña. Amílcar, padre de Aníbal tuvo que firmar una derrota deshonrosa y retirarse al norte de África.
Fue en ese momento cuando los cartagineses volvieron la mirada hacia la Península Ibérica, una tierra rica tanto en fertilidad como en metales preciosos. Fue durante este período donde Aníbal dio sus primeros pasos como conductor de hombres al realizar incursiones contra la resistencia local bajo las órdenes de su cuñado Asdrúbal (su padre ya había muerto).

En este punto abro un paréntesis para hacer una aclaración. Los cartagineses tenían una forma de conquista diferente a la que estamos acostumbrados. A diferencia de los romanos que donde llegaban “conquistaban” en la máxima expresión de la palabra, es decir, imponían sus dioses, sus leyes, su sistema de gobierno… en definitiva su civilización, los cartagineses preferían mantener la del pueblo conquistado llegando al punto que en la mayoría de los casos se mantenían los dirigentes que se encontraban hasta entonces. Cierro aquí el paréntesis.
La carrera expansionista de Cartago en la Península Ibérica se acabó con un tratado por el cual el río Ebro significaba la frontera de influencia entre ambos: las tierras al norte serían para Roma mientras que el sur sería de Cartago. Sin embargo, Sagunto, ciudad que se encontraba al sur del Ebro se declaró romana, acto que obligó a Aníbal a sitiarla y tomarla por la fuerza. Esto era lo que Roma estaba esperando para poder declarar de nuevo la guerra a Cartago: comenzaba así la “Segunda Guerra Púnica”.
Continuará…