15 Abril 2006

Final sin principio

En estas vacaciones he podido escaparme a la playa unos dí­as. Mientras paseaba por la playa con mi novia, al pasar por el faro del pueblo me propuso un juego que me gustó mucho. Consistí­a en que ella me planteaba el final de una historia y yo, mediante preguntas, tení­a que averiguar cómo se habí­a llegado a ese final. La historia del faro es la siguiente: un hombre, al anochecer se dirige al faro del pueblo donde vive, tras encenderlo y con lágrimas en los ojos se dispara con la pistola que lleva en la mano un tiro en la cabeza y muere. ¿Por qué se ha suicidado?
Tras muchas preguntas (¿Trabajaba el hombre allí­?, ¿Tiene familia?, ¿Hubo un accidente marí­timo en el pueblo?, …) acerté con la historia: el hombre, que era el encargado del faro, el dí­a anterior no fue a su trabajo. Al no encender el faro esa noche, un barco no pudo ver cuando llegaba a puerto y se estrelló, muriendo todos a bordo. El hombre no pudo soportarlo y se suicidó.

La historia que propongo ahora es la siguiente: Un hombre está desnudo en medio del desierto. Su cara es de absoluta desesperación pero a la vez de aceptación de su destino. Su mirada únicamente se dirige a un pequeño palo que tiene en la mano. ¿Cómo ha llegado hasta allí­ el hombre?

Preguntas y repuestas en los comentarios.

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15 Abril 2006

Aníbal, el gran estratega de Cartago II - Inicios

Los primeros años de la vida de Aní­bal transcurren con la vergüenza de la derrota de Cartago en la “Primera Guerra Púnica”. La ciudad de Roma habí­a dejado de ser un pequeño poder local para extenderse por toda la Pení­nsula Itálica. Irremediablemente Roma y Cartago tení­an que chocar por la supremací­a del Mediterráneo. La cosa terminó con el control de Roma sobre las islas de Sicilia, Córcega y Cerdeña. Amí­lcar, padre de Aní­bal tuvo que firmar una derrota deshonrosa y retirarse al norte de África.
Fue en ese momento cuando los cartagineses volvieron la mirada hacia la Pení­nsula Ibérica, una tierra rica tanto en fertilidad como en metales preciosos. Fue durante este perí­odo donde Aní­bal dio sus primeros pasos como conductor de hombres al realizar incursiones contra la resistencia local bajo las órdenes de su cuñado Asdrúbal (su padre ya habí­a muerto).


En este punto abro un paréntesis para hacer una aclaración. Los cartagineses tení­an una forma de conquista diferente a la que estamos acostumbrados. A diferencia de los romanos que donde llegaban “conquistaban” en la máxima expresión de la palabra, es decir, imponí­an sus dioses, sus leyes, su sistema de gobierno… en definitiva su civilización, los cartagineses preferí­an mantener la del pueblo conquistado llegando al punto que en la mayorí­a de los casos se mantení­an los dirigentes que se encontraban hasta entonces. Cierro aquí­ el paréntesis.

La carrera expansionista de Cartago en la Pení­nsula Ibérica se acabó con un tratado por el cual el rí­o Ebro significaba la frontera de influencia entre ambos: las tierras al norte serí­an para Roma mientras que el sur serí­a de Cartago. Sin embargo, Sagunto, ciudad que se encontraba al sur del Ebro se declaró romana, acto que obligó a Aní­bal a sitiarla y tomarla por la fuerza. Esto era lo que Roma estaba esperando para poder declarar de nuevo la guerra a Cartago: comenzaba así­ la “Segunda Guerra Púnica”.

Continuará…

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